No voy a contaros que ha sido uno de los grandes animadores de los movimientos españoles de vanguardia durante la posguerra y que en sus inicios mantuvo estrechas relaciones con autores como J. R. Jiménez.
Ni os contaré que dando continuidad a los movimientos vanguardistas anteriores a la Guerra Civil, se propuso convulsionar la poesía vigente y creó junto con el pintor Eduardo Chicharro e lpostismo, un nuevo dadaísmo basado en las invenciones verbales y animado por un espíritu vitalista y visionario.
Ni toda su larga trayectoria.
Pero si os voy a transcribir unas letras que mi profesor del Club de Escritura de la Universidad de Cádiz, Jose Antonio Hernández (encontraréis en este blog información sobre él en otras entradas) le ha brindado al conocer su fallecimiento:
Carlos Edmundo de Ory
Esa contradicción, siempre aparente, entre la luz de la vida y la sombra de la muerte.

Ese especial sentido de la paradoja es la explicación hermenéutica de su peculiar sentido del humor, de su inaudita riqueza de registros, de su dominio de la ironía, de la hipérbole, de la parodia, de la caricatura y, sobre todo, de la metáfora. Carlos Edmundo era un pintor que ilustraba las teorías más abstractas con las anécdotas más pintorescas, por eso provocaba la sonrisa y la carcajada, por eso poseía un sentido tan singular de lo real que, a veces, traspasaba las fronteras de la verosimilitud, pero no -como han afirmado algunos críticos- por un afán meramente estetizante sino con la finalidad de descifrar, de comprender y de captar el sentido hondo de las actitudes y de los comportamientos humanos; con la intención de medir el significado de las teorías y los aspectos múltiples de las realidades.
Sus poemas, sus ensayos, sus epigramas y sus traducciones constituyen una demostración de que, como él mismo repetía, su escritura es tan gaditana, que trasciende nuestras fronteras geográficas y rebasa los bordes anchurosos de su tiempo biológico. Creo que, desde esta perspectiva, deberíamos enfocar el conjunto de su producción, para ubicarla en el puesto que le corresponde en la fecunda corriente de nuestra historia literaria y para instarla en el ancho panorama de nuestras letras gaditanas y, por lo tanto, de la literatura universal.
José Antonio Hernández Guerrero
HIPÉRBOLE DEL AMOROSO
Te amo tanto que duermo con los ojos abiertos.
Te amo tanto que hablo con los árboles.
Te amo tanto que como ruiseñores.
Te amo tanto que lloro joyas de oro.
Te amo tanto que mi alma tiene trenzas.
Te amo tanto que me olvido del mar.
Te amo tanto que las arañas me sonríen.
Te amo tanto que soy una jirafa.
Te amo tanto que a Dios telefoneo.
Te amo tanto que acabo de nacer.
Te amo tanto que duermo con los ojos abiertos.
Te amo tanto que hablo con los árboles.
Te amo tanto que como ruiseñores.
Te amo tanto que lloro joyas de oro.
Te amo tanto que mi alma tiene trenzas.
Te amo tanto que me olvido del mar.
Te amo tanto que las arañas me sonríen.
Te amo tanto que soy una jirafa.
Te amo tanto que a Dios telefoneo.
Te amo tanto que acabo de nacer.
Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, 1923), poeta, ensayista, epigramista y traductor.